Hermanos
Un poquito sobre un vínculo indestructible, amoroso, construido con el tiempo y disponible para enfrentar todas las tempestades.
No saben las vueltas que di para elegir el tema de este newsletter. Vueltas mentales y literales. Es que estuve de vacaciones, paseando por España en auto con la familia. Entonces, claro, viajar era un temón. A pesar de que tenía todo planificado minuciosamente, la crisis climática nos obligó a cambiar el itinerario (sí, Donald, el calentamiento global también puede venir en forma de borrascas e inundaciones) y de ahí surgió otra posibilidad: escribir sobre improvisar y dejarse llevar. Finalmente, llegamos a Sevilla y ahí nos encontramos con familia ampliada: mi hermano Tristán, mi cuñada Paula y sobrina y sobrino. A Paula y sobrinos no los veía hacía más de dos años. Ahí apareció el verdadero motivo de esta edición.
¡Sorpresa!
Yo llevaba cinco años de hija única (¡CINCO!) cuando llegó el anuncio: “Vas a tener un hermanito”. UN hermanito, me dijeron mis viejos. Acto seguido, me preguntaron qué quería que ESE UN hermanito me trajera de regalo cuando naciera. Y yo pedí: “Quiero un muñequito en una valijita con su vestuario y, aparte, dos muñequitos en una valijita con sus vestuarios”. Según cuenta la leyenda, se volvieron locos tratando de conseguir semejante pedido. Entretanto, el embarazo de mi mamá avanzaba. La recuerdo con un vestido rojo y una panza que era más grande que ella. Claro, mi vieja medía 1,50 y cargaba… ahora les cuento cuánto.
-Siento un pulpo- le dijo mi vieja a mi tía Estela, médica. Le palpó la panza por todos lados.
-Acá hay dos polos- concluyó mi tía.
El 26 de noviembre de 1975 nacieron los mellizos ochomesinos, Pedro y Tristán (se ve que mamá y papá tenían un tema con los sonidos tr, dr, gr). Mi mamá supo que eran dos un mes antes del parto. Benditas sean hoy las ecografías.
No tengo prácticamente ningún recuerdo del primer año de convivencia. Sí una sensación de incomodidad y de dolor de cabeza por los llantos. Y celos, muchos celos. Razones no me faltaban: seis años de hija única y, de pronto, ¡los dos muñequitos de la valijita! En mi familia esa demanda de regalo se vivió como un vaticinio. Probablemente haya sido una casualidad, pero…
La cosa se puso buena más adelante. Unos ocho años después. Cuando realmente pude ejercer de hermana mayor y usarlos de postes para jugar al elástico o sentarlos para jugar a la maestra. Siguió después cuando los llevé a su primer recital en estadio (David Bowie), con las miradas cómplices en la mesa familiar (esas que sólo se comparten entre hermanos cuando tu viejo hace un chiste malo) y con los serios planteos que hicieron para defenderme de un castigo por una noche en que desaparecí varias horas del radar. Hoy, con dos hijos, también valoro la sabiduría que dan las peleas fraternas en la infancia y la adolescencia. El papá de mis vástagos es hijo único y miraba con estupor las reyertas entre los hermanos. “Es normal”, suele ser, aún en estos días (cada vez menos, por suerte), mi respuesta.
Mientras escribo voy recopilando mentalmente los pasos en la construcción (es que lo biológico muchas veces es una anécdota) de ese vínculo hoy inquebrantable, leal a cualquier precio y de amistad sostenida. Y lo cuento porque los lazos entre hermanos no son necesariamente “naturales”. De hecho, hay cientos de miles de historias de relaciones rotas o indiferentes. Miren a los Gallagher.
Mis viejos hicieron un buen laburo. Pero, como en muchos casos, podía fallar. Este no es uno de esos casos.





Pedro y Tristán están en mi top 5 de personas favoritas en este mundo (en el mismo lugar del podio). Son brillantes (ambos eminencias de la neurociencia), son hermosos papás y dedicados tíos y a veces no puedo creer que sean mis hermanos. Esa dimensión del amor que compartimos me da felicidad. Les deseo que tengan la posibilidad de vivir conexiones así.
Y les hago una invitación a contarme sus historias de hermanos y hermanas y a armar una lista interminable de películas, libros, series. Arranco yo: Monica y Ross Geller de Friends, Mujercitas, Valor sentimental.
Alegrías
A veces terminar ciclos es sinónimo de tristeza. En este caso, me dolió un poquito pero también me dio lugar a un nuevo comienzo. Estoy hablando de Ahora que nos escuchan, el programa que conduje en Radio Con Vos desde 2018. Por razones ajenas a mí hubo que decirle chau a ese maravilloso espacio (que compartí con Lucas Rodríguez Perea, Mariana Bocca y Melanie Berardi). Peroooo, este final provocó el inicio de ¡un nuevo programa! Es que este 2 de marzo, arranca Esto también pasará, un programa para hablar del futuro, en la misma radio, todos los lunes a las 23. Nada más y nada menos. Porque, junto con Flor Alcaraz (co conductora) y Leticia Beltrán (productora) confiamos en que pueden venir tiempos mejores y que, si no vienen, habrá que crearlos.
Sigo con mis cositas: arranca el Encendidas Tour 2026, el podcast en vivo que hacemos con Mariana Carbajal. La primera presentación en vivo del año será en la linda ciudad de Salta, el 12 de marzo a las 20.30 en La Usina. Si alguna anda por la zona, puede comprar las entradas acá.
Por suerte, les debo muchas felicidades. Este newsletter es un canto al optimismo, porque de pesimismo estamos hasta acá y más allá. Mientras escribo el próximo, les dejo unas ideas para colaborar con mi deseo de seguir escribiendo (estas palabras fueron escritas por una madre judía), con una pequeña suma de dinero local o extranjero. Y si quieren saber más sobre mí, encuentran algunos rastros en este posteo.




